La temporada 2008/2009 del Barcelona será recordada por el trébol de coronas. Por el juego ofensivo y por el homenaje que hizo el cuadro Catalán hacia el fútbol. Lo utilizo desde su esencia y lo manejo a su antojo. Jugó al fútbol, con la pelota como su materia prima, explotó los espacios para el desequilibrio, se junto en paredes más grandes que la muralla China, tuvo un tridente asombroso, lujoso y efectivo, y sobre todo ganó jugando al fútbol y no por el resultado. Los que amamos este hermoso deporte pensamos que los partidos se ganan si intentas jugar bien y atacar. Sin olvidarse que el arma principal de este juego es la pelota y no las patadas y los esquemas ultradefensivos resultadistas. El Barcelona reflejó paralelamente el fino juego de la selección de la Península Ibérica: elegante, paciente para atacar en el momento justo, de extremo a extremo, amplia y utiliza en su totalidad el terreno de juego, es eficiente, y los jugadores realizan movimientos sin balón que permiten la generación de espacios. Simplemente un equipo “espeptacular”, una Oda al fútbol. Este Barcelona de Pep Guardiola nos hizo recordar al Dream team de Johan Cruyff y sus geniales equipos de la década del 90. Esta temporada reivindicó al fútbol como el hermoso y fascinante juego que puede llegar a ser si lo utilizamos y jugamos como lo hizo el “Pep Team”. Gracias Barcelona. Gracias a Dios que amo el fútbol. Gracias fútbol.
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